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domingo, 30 de julio de 2017

Mystery Society

Leído en julio de 2017. La cara más simpática del escritor especializado en cómic de horror Steve Niles y un trabajo de Fiona Staples en un estilo algo diferente al de Saga son los valores esenciales de este amable tebeo de aventuras que combina comedia matrimonial sexy, misterio sobrenatural y narrativa superheroica de manual. Con dos tramas francamente entretenidas —el enfrentamiento del glamuroso y socarrón investigador de lo sobrenatural Nick Misterio con las fuerzas gubernamentales que intentan ocultar turbias conspiraciones, y la busca y recuperación del cráneo de Edgar Allan Poe por parte de otros dos miembros del grupo— que se entrelazan de forma muy hábil, Mystery Society no cuenta demasiado, pero lo que cuenta lo hace con cierta frescura y de forma muy divertida. Un tebeo agradable de los que nunca sobran en una pila de lecturas de verano.

martes, 3 de enero de 2017

Archie 1

Leído en noviembre de 2016. La década de 1940 fue uno de los períodos más importantes de la historia de Estados Unidos. El país entró en la Segunda Guerra Mundial, enviando a sus jóvenes a morir a Europa y al Pacífico, y obteniendo a cambio una expansión de su influencia económica y política sin precedentes. Mientras eso ocurría fuera, en el país se ampliaba el sistema de carreteras y se creaban las grandes zonas residenciales suburbanas, que se convertirían en el lugar en que la clase media estadounidense iba a criar a sus cachorros.
Ese es el contexto sociocultural en el que nace Archie, una de las instituciones más longevas y sólidas de la cultura pop estadounidense. El personaje nació hace 75 años en las páginas de Pep Comics, como un encargo del editor John Goldwater al guionista Vic Bloom y al dibujante Bob Montana, para ofrecer un cómic a los aficionados a las películas de Andy Hardy, interpretadas por la entonces estrella juvenil Mickey Rooney. Tanto las películas de Andy Hardy como los sucesivos cómics de Archie, eran comedias de buenos sentimientos cuyo objetivo esencial era celebrar la sencillez de la vida cotidiana en una América idílica e inocente.
Y eso es lo que ha sido Archie durante siete décadas y media: un tebeo sencillo e inocente que narra las aventuras en clave de comedia romántica de un grupo de jóvenes all American.
En los últimos años, los propietarios de la licencia han hecho toda clase de experimentos con ella, incluyendo crear dos universos paralelos para explorar la vida de Archie como un hombre casado y utilizar los personajes del universo Archie para contar historias de terror. Los experimentos acabaron en 2015, cuando los ejecutivos de la compañía ofrecieron a Mark Waid, guionista todoterreno conocido por la solidez de sus planteamientos y por su respeto a la tradición de los personajes con los que trabaja, y a Fiona Staples, la fantástica dibujante y cocreadora de Saga, relanzar el Archie clásico revitalizando su estilo narrativo y su look.
En los seis números de la serie que recopila este volumen, puede verse que el resultado de la operación de puesta al día fue interesante. Aunque la diferencia entre los tres primeros números —los dibujados por Staples— y los dos últimos —dibujados por Annie Wu y Veronica Fish respectivamente— es notable, el conjunto de este volumen ofrece aventura blanca, camaradería y triángulos amorosos juveniles con garra y acierto. Waid coloca los chistes y equívocos en el instante oportuno, montando drama y comedia a partir del trabajo con unas emociones juveniles que son mucho más difíciles de convertir en material narrativo de lo que parecería a simple vista. Y Staples brilla por momentos —por ejemplo, en la secuencia del baile del primer número—. 
No tengo muy claro si seguiré leyendo las siguientes entregas de este Archie, pero este primer volumen no me ha parecido una pérdida de tiempo ni de dinero. Hay que seguir de cerca las transformaciones de los iconos populares, y más si esas transformaciones son tan significativas como esta operación Archie.

viernes, 5 de diciembre de 2014

Saga - Capítulo Dos

Leído en diciembre de 2014. Como escribí en la nota del primer volumen de Saga el pasado mes de junio, estoy leyendo la colección con retraso —de hecho, cuando acabo el segundo tomo ya está en las librerías el cuarto—, pero, como suele decir el tópico, nunca es tarde. Lo que importa es que lo estoy leyendo. Y, aunque siempre he sostenido que este no es estrictamente un espacio de recomendaciones, sino simplemente un cuaderno de notas de lectura, recomiendo encarecidamente al hipotético lector de Los Papeles del Club Zorglub que haga como yo y, por tarde que parezca, ponga remedio a la carencia.
En este segundo tomo, Saga continúa siendo una serie sexy, divertida, rabiosamente fantástica, humorística, emocionante, perversa e imprevisible. Además, sigue siendo la firme constatación de que Brian K. Vaughan es un guionista extraordinario —quizá merezca un lugar de honor entre los tres o cuatros mejores escritores en el panorama del cómic fantástico actual—. Y eso se ve en las grandes estrategias narrativas, como en los magníficos engarces entre escenas, secuencias y episodios, en el modo en que integra fantasía delirante y comedia costumbrista, acción frenética y drama familiar intimista, o en la forma en que construye la voz de la narradora. Y también se ve en los detalles aparentemente mínimos, como la manera en que es capaz de introducir el amor romántico en la historia sin llegar a la cursilería, o la agridulce ironía que impregna todo el relato —y muy especialmente el momento final en casa del dickiano novelista—.

domingo, 22 de junio de 2014

Saga - Capítulo Uno

Leído en junio de 2014. Nunca oculto que mis lecturas no están al día. Digan lo que digan, se publica mucho, y los recursos económicos son tan limitados que no hay más remedio que renunciar a leer muchas cosas. Lo siguiente es renunciar a leer las reseñas de lo que se publica. Así que es muy fácil perderse cosas importantes. Y hay que aceptarlo tal como es. Pero hay casos imperdonables: a pesar de la multitud de premios que ha ido cosechado—nada menos que varios Eisner y Harvey, además de un Hugo—, Saga había pasado prácticamente inadvertida para mí, y no sé muy bien por qué. Hasta ahora, cuando ya está en las librerías el tercer volumen de la edición española, no había hecho el gesto de comprar y leer el primer tomo. Qué error.
Saga es una space opera rutilante, sexy y divertida, con más fantasía que ciencia ficción, más humor que solemnidad, y más perversidad que amabilidad, repleta de ideas imprevisibles y alucinantes —qué pena que no tengamos una buena traducción para mind-blowing— y de golpes de genio tanto en el guion como en el dibujo. Saga está entre lo mejor que he podido leer (y ver) de Brian K. Vaughan, y ofrece un brillante dibujo y color de Fiona Staples, que en esta obra se muestra como una artista de trazo magistral en el diseño de criaturas fantásticas. Voy, rápido, a por los otros volúmenes editados.