Diario de lecturas de Jordi Sánchez-Navarro, lector de cómics. Y profesor de comunicación.
Mostrando entradas con la etiqueta humor. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta humor. Mostrar todas las entradas
lunes, 1 de marzo de 2021
2 tazas
Leído en febrero de 2021. Este retorno de Àlex Santaló al cómic autobiográfico es una lectura que ofrece al lector momentos muy gratos, y más si, como es mi caso, conoces personalmente a los protagonistas. Santaló y su coautora, la actriz y dramaturga Karen Guitérrez, recogen sus experiencias como papá y mamá primerizos de la carismática parejita de gemelos Roger y Lisa, en una serie de historias breves, centradas en la anécdota y en el gag verbal, y trufadas de referencias frikis. Santaló publicó su libro mediante una campaña de mecenazgo en Verkami, en la que, como no podía ser de otro modo, participé con gusto.
Etiquetas:
Àlex Santaló,
autobiografía,
humor
jueves, 12 de enero de 2017
Leñadoras
Leído en diciembre de 2016. Leñadoras (Lumberjanes en la versión original) nace cuando la editora de BOOM! Studios Shanon Watters decide poner solución a una carencia e impulsa la creación de una serie orientada a un público (pre)adolescente y, aun más importante, protagonizada por personajes femeninos poderosos. Junto a la escritora Grace Ellis, Watters desarrolla un concepto que, con guion de Noelle Stevenson y dibujo de Broke Allen, se convierte en una de las revelaciones de los últimos años, premiada en 2015 con eisners a Mejor Serie Nueva y Mejor Serie Adolescente. En un caso poco frecuente de obra de verdad colectiva, Leñadoras se desarrolla y presenta como creación de cuatro autoras: Watters, Ellis, Stevenson y Allen, a las que habría que añadir a Maarta Laiho, cuyo trabajo con el color termina de dotar de vigor y de una belleza muy especial a la obra. Este volumen editado por el sello Sapristi recopila las ocho primeras entregas de la serie, a las que esperamos que sigan bastantes más.
El argumento es posiblemente lo de menos: un grupo de chicas adolescentes pasa el verano en un campamento, viviendo aventuras a cuál más delirante y aprendiendo cosas sobre la vida y sobre ser una chica molona en un mundo complicado. Todo esto, claro, hasta que un giro, una revelación, digamos, mítica, sitúa la historia en otro plano.
El argumento es lo de menos, decíamos, no porque sea irrelevante o poco estimulante, sino por todo lo contrario: la naturalidad con la que lo sobrenatural, lo extraordinario y lo impensable irrumpen en la rutina convierte Leñadoras en una muestra muy relevante de lo que podríamos llamar nueva aventura, ese metagénero de nuevo cuño, referencial e irónico sin dejar de ser sincero y de estar conectado con lo cotidiano, que abunda en la producción cultural dirigida a los preadolescentes del siglo XXI.
No tan codificada como el género de superhéroes u otros géneros clásicos, esta nueva aventura tiene como marca común la combinación de acción, humor, surrealismo y “realidad”, pero admite diferentes enfoques y gradación de tonos —no es igual Leñadoras que la también extraordinaria Dungeon Quest de Joe Daly— y admite, igualmente, fácil traslación a otros formatos y soportes: las series de Cartoon Network Hora de aventuras, Historias corrientes y Steven's Universe formarían parte de ese panorama. La mención a estas series de animación no es en absoluto gratuita. No solo es pertinente porque BOOM! Studios sea la empresa editora del cómic de Hora de aventuras —y Noelle Stevenson haya trabajado en ese título— o porque Steven’s Universe sea la primera serie de Cartoon Network creada y dirigida por una mujer, sino también porque el dibujo de Broke Allen remite por momentos al trazo y a las formas de montaje y narración de ese nuevo cartoon.
A diferencia, no obstante, de esos referentes del cómic y la animación citados hasta ahora, el dibujo de Leñadoras hilvana un relato auténticamente diferente, que no solo ofrece una historia de misterio y aventura —en definitiva, de todo lo que podría molar en un campamento de verano— sino que construye una contundente reflexión sobre la amistad, la rareza y la aceptación de la diferencia. Un relato cuyo tema último es la sororidad. Y eso es algo que deberíamos celebrar siempre, seamos chicos o chicas preadolescentes o mujeres y hombres en plena edad adulta.
El argumento es posiblemente lo de menos: un grupo de chicas adolescentes pasa el verano en un campamento, viviendo aventuras a cuál más delirante y aprendiendo cosas sobre la vida y sobre ser una chica molona en un mundo complicado. Todo esto, claro, hasta que un giro, una revelación, digamos, mítica, sitúa la historia en otro plano.
El argumento es lo de menos, decíamos, no porque sea irrelevante o poco estimulante, sino por todo lo contrario: la naturalidad con la que lo sobrenatural, lo extraordinario y lo impensable irrumpen en la rutina convierte Leñadoras en una muestra muy relevante de lo que podríamos llamar nueva aventura, ese metagénero de nuevo cuño, referencial e irónico sin dejar de ser sincero y de estar conectado con lo cotidiano, que abunda en la producción cultural dirigida a los preadolescentes del siglo XXI.
No tan codificada como el género de superhéroes u otros géneros clásicos, esta nueva aventura tiene como marca común la combinación de acción, humor, surrealismo y “realidad”, pero admite diferentes enfoques y gradación de tonos —no es igual Leñadoras que la también extraordinaria Dungeon Quest de Joe Daly— y admite, igualmente, fácil traslación a otros formatos y soportes: las series de Cartoon Network Hora de aventuras, Historias corrientes y Steven's Universe formarían parte de ese panorama. La mención a estas series de animación no es en absoluto gratuita. No solo es pertinente porque BOOM! Studios sea la empresa editora del cómic de Hora de aventuras —y Noelle Stevenson haya trabajado en ese título— o porque Steven’s Universe sea la primera serie de Cartoon Network creada y dirigida por una mujer, sino también porque el dibujo de Broke Allen remite por momentos al trazo y a las formas de montaje y narración de ese nuevo cartoon.
A diferencia, no obstante, de esos referentes del cómic y la animación citados hasta ahora, el dibujo de Leñadoras hilvana un relato auténticamente diferente, que no solo ofrece una historia de misterio y aventura —en definitiva, de todo lo que podría molar en un campamento de verano— sino que construye una contundente reflexión sobre la amistad, la rareza y la aceptación de la diferencia. Un relato cuyo tema último es la sororidad. Y eso es algo que deberíamos celebrar siempre, seamos chicos o chicas preadolescentes o mujeres y hombres en plena edad adulta.
Etiquetas:
aventuras,
Brooke A. Allen,
comic juvenil,
fantasía,
Grace Ellis,
humor,
Noelle Stevenson,
Shannon Watters
viernes, 12 de junio de 2015
Cómo caer mal a un artesano
Leído en junio de 2015. Como ya anotamos en estos papeles en enero de este año con ocasión de la lectura de Atentos a sus pantallas, Mauro Entrialgo es un agudo observador y comentarista de las costumbres y los tipos sociales contemporáneos. En este pequeño libro-objeto, ideal como regalo desenfadado para amigos con sentido del humor, el autor pone su talento para la observación al servicio del chiste conciso y contundente de una sola viñeta. A diferencia de otros libros en los que el ingenio en la sátira o la ironía del autor gravita en torno a un tema, un concepto o una idea unitaria, Como caer mal a un artesano carece de otro hilo conductor que no sea el humor epatante y borrico. Interesante encontrar en este librito al Mauro Entrialgo más gamberro y, al mismo tiempo, más dispuesto a la complicidad con el lector: no es un detalle menor que el título del libro fuera el resultado de una consulta del autor a sus lectores, quienes decidieron con sus votos entre varias alternativas. El compromiso de Mauro de respetar el resultado y su decisión de sortear algunos ejemplares entre los participantes en la votación hicieron de la consulta popular un juego al que como lector apetecía sumarse. Este comentarista resultó ganador de uno de los ejemplares sorteados, cosa que hay que agradecer desde esta página al autor y a Diábolo Ediciones.
Etiquetas:
humor,
humor referencial,
Mauro Entrialgo
miércoles, 21 de enero de 2015
Fargons & Gorgons. Libro básico
Leído en enero de 2015. Fargons & Gorgons, cuyo título remite obviamente a Dungeons & Dragons, es una serie de historias cortas —de dos, tres o cuatro páginas— nacidas en la revista Amaníaco y que ahora se recopilan con un espléndido envoltorio que les da nueva y esplendorosa vida. Josep Busquet y Pere Mejan son los creadores de estas historias de humor, casi siempre amable, en ocasiones pasado de vueltas, protagonizadas por el guerrero bárbaro Zhron y el mago arcano Dhyukh en pos de aventuras de inconfundible espíritu rolero. En las páginas de libro desfilan los tópicos de la sword & sorcery y la fantasía épica, a los que los autores dan la vuelta despojándolos de lo extraordinario. Es el de Fargons & Gorgons un humor satírico y paródico que surge de hacer cotidiano lo épico y describir como rutinario e incluso ridículo lo que por lógica debería ser legendario. Es, en suma, una sátira cariñosa, hecha desde un evidente amor y respeto por el género. El mismo amor y respeto que se detecta hacia los juegos de rol de fantasía heroica, por mucho que estos se lleven alguna pulla en varias historias que reflejan la burocracia imperante en el mundo de Zhron y Dhyukh, dardos de sano cachondeo que no puedo dejar de ver como claras alusiones a los muchos trámites y papeleos que a menudo sufrimos pacientemente los jugadores de Dungeons & Dragons.
Etiquetas:
fantasy,
humor,
humor referencial,
Josep Busquet,
Pere Mejan,
RPG
lunes, 19 de enero de 2015
Atentos a sus pantallas
Leído en enero de 2015. Aunque los registros y tonos de su obra son muy variados y han tenido acogida en diversos medios, en este espacio de notas de lectura nos parece útil considerar a Mauro Entrialgo como un humorista gráfico, dado que es en ese ámbito donde el autor no ha dejado de acompañarnos en una larguísima trayectoria como observador y comentarista de las costumbres y los tipos sociales contemporáneos y en multitud de cabeceras tanto especializadas como generalistas. En Atentos a sus pantallas, Entrialgo disecciona la cultura de las pantallas en la que vivimos —o mejor, disecciona nuestra relación con las pantallas—, en una serie de reflexiones, chistes y miniensayos divididos en tres bloques: Videojuegos —con material previamente publicado en la revista SuperJuegos Xtreme—, televisión —con trabajos aparecidos en el suplemento TV Manía del diario La Vanguardia— y cine —con obra que proviene de las páginas de la revista TMEO, la revista Cinemanía y el diario del Festival de Cine de Gijón—. En un volumen editado con gusto —muy destacable la triple portada troquelada—, Entrialgo nos ofrece fundamentalmente tres tipos de piezas: unas son las, digamos, explícitamente humorísticas, que se presentan en forma de chistes de estructura clásica casi siempre con un brillante punchline; otras son las reflexiones más ensayísticas, algo más basadas en el texto, y que nos muestran a un Entrialgo que podría considerarse tan cercano al articulismo de opinión como al humorismo gráfico; las terceras son esas piezas basadas, desde el punto de vista conceptual, en adivinanzas, charadas, jeroglíficos y, en general, en la tradición del “pasatiempo”. Jugando con la ambigüedad de las palabras, trabajando con la ironía para ilustrar el absurdo de determinadas situaciones sociales, poniendo en crisis los límites del eufemismo y de los lugares comunes, Entrialgo hace crítica de los medios y, al mismo tiempo, desarrolla un trabajo de sociología a partir de una sátira de usos y costumbres que refleja los aspectos más delirantes de nuestro consumo cultural.
Etiquetas:
cultura popular,
humor,
humor referencial,
Mauro Entrialgo,
medios de comunicación,
sociología
jueves, 20 de noviembre de 2014
¡Universo! 1
Leído en noviembre de 2014. Panel Syndicate es una plataforma de distribución de cómic digital creada por los autores Brian K. Vaughan y Marcos Martín para la comercialización del comic book digital The Private Eye, obra de los citados autores y de Muntsa Vicente. Después de albergar ocho números de The Private Eye, Panel Syndicate se ha convertido en el hogar de una nueva serie de comic books: ¡Universo!, obra de Albert Monteys, conocido y admirado autor de cómic de humor que, en esta ocasión se adentra en el territorio de la ciencia ficción. La relación de Monteys con la ciencia ficción no es una gran novedad: tanto la monografía Calavera Lunar, uno de los títulos legendarios del autor, como Carlitos Fax, la serie futurista sobre un robot creada por Monteys para la revista infantil Mister K., pertenecen por derecho propio al género, al menos a esa variante del género más satírica, paródica y aventurera que especulativa y sesuda. Lo que sí es una novedad, o al menos es algo que podría sorprender a los lectores habituales del autor, es que ¡Universo! es ciencia ficción pura y dura. Algo de humor tiene, obviamente, como no puede ser de otro modo tratándose de una obra de Monteys. Pero es un humor de tono suave, un humor que matiza y humaniza la historia de especulación cientifico-técnica dura. Mejor no dar muchas pistas del argumento de este primer ¡Universo!, baste decir que en su historia, que abarca un desarrollo temporal de varios millones de años, se mezclan aromas de sátira sobre el capitalismo ultra-avanzado con aires de epopeya portátil sobre viajes en el tiempo; o que se hacen colisionar el vértigo íntimo de un crononauta en una misión a escala universal con el absurdo de la burocracia corporativa. Los que conocemos al autor sabemos que es absurdo buscar referentes explícitos y citas concretas en una obra como esta. Leyendo ¡Universo! queda muy claro que Monteys conoce a los grandes autores de ciencia ficción, sobre todo a los grandes cuentistas del género; queda claro, decíamos, que en este ¡Universo! están Dick, Lem o Bradbury. También están, obviamente, Jack Kirby y Steve Ditko. Y, puestos a jugárnosla —aunque creo que aquí apuesto sobre seguro—, diría que también están las historias del Doctor Who de Russell T Davies… Y todo ello plasmado en un dibujo brillante, un color portentoso y, lo que ya está garantizado siempre en la obra de Monteys, un deslumbrante uso de los recursos narrativos propios del cómic. Necesitamos más viajes por este ¡Universo! ya.
Etiquetas:
Albert Monteys,
ciencia ficción,
humor
miércoles, 18 de junio de 2014
Orgullo y satisfacción
Leído en junio de 2014. Hace unas semanas, un grupo de historietistas y escritores renunciaron a seguir trabajando en la revista El Jueves por motivos de conciencia. La razón: la decisión editorial de RBA de retirar una portada —aprobada, ideada y creada por la redacción, y, quizá lo más destacable, ya impresa— sobre la abdicación de Juan Carlos I de España y la proclamación de Felipe VI. Para esos autores, la decisión del propietario lesionaba gravemente la libertad de expresión y la autonomía de la redacción, por lo que se sintieron obligados a dimitir de sus cargos en el consejo de redacción y/o a anunciar que dejaban de colaborar en la revista. En un tiempo récord, este grupo de autores ha creado y publicado (en edición exclusivamente digital de ¡Caramba!) la monografía Orgullo y Satisfacción —dirigida y coordinada por Guillermo, Albert Monteys, Manel Fontdevila, Bernardo Vergara y Manuel Bartual, y con trabajos de todos los autores salientes de El Jueves—. El resultado son 82 páginas de sátira furibunda y crítica inequívoca a la institución de la monarquía española y a la trayectoria personal de todos los relacionados con ella.
Cualquier nota de lectura —no se trata nunca aquí de hacer un análisis en profundidad—de esta monografía pasa necesariamente por tratar dos aspectos. El primero es la agilidad creativa que han demostrado los autores responsables de Orgullo y satisfacción, sin duda nacida del enfado y de la pura necesidad expresiva. El segundo es la calidad final del resultado, que, sobre todo en lo que respecta al dibujo, es sobresaliente. Dicho esto, y aunque hay que destacar que la naturaleza miscelánea del conjunto hace posible que cualquier lector encuentre algo de su agrado, supongo que debo dejar constancia de mis piezas favoritas. Dado que, por una pura cuestión de gusto, soy mucho más afín a los desarrollos narrativos amplios que a los formatos brevísimos como el chiste de una sola viñeta o la tira, he disfrutado especialmente con “Las 4 frases tópicas más escuchadas a los detractores de la República” de Bernardo Vergara, “Estirpe campechana” de Manel Fontdevila, “El Rey, ese Semidiós”, de Luis Bustos, “Botswana, 2012”, de Albert Monteys, y “Froilán Rey” de Paco Alcázar. Esas son mis “historias” favoritas, pero todos los participantes en Orgullo y Satisfacción merecen el máximo crédito como responsables de un conjunto destacable por muchos motivos.
Cualquier nota de lectura —no se trata nunca aquí de hacer un análisis en profundidad—de esta monografía pasa necesariamente por tratar dos aspectos. El primero es la agilidad creativa que han demostrado los autores responsables de Orgullo y satisfacción, sin duda nacida del enfado y de la pura necesidad expresiva. El segundo es la calidad final del resultado, que, sobre todo en lo que respecta al dibujo, es sobresaliente. Dicho esto, y aunque hay que destacar que la naturaleza miscelánea del conjunto hace posible que cualquier lector encuentre algo de su agrado, supongo que debo dejar constancia de mis piezas favoritas. Dado que, por una pura cuestión de gusto, soy mucho más afín a los desarrollos narrativos amplios que a los formatos brevísimos como el chiste de una sola viñeta o la tira, he disfrutado especialmente con “Las 4 frases tópicas más escuchadas a los detractores de la República” de Bernardo Vergara, “Estirpe campechana” de Manel Fontdevila, “El Rey, ese Semidiós”, de Luis Bustos, “Botswana, 2012”, de Albert Monteys, y “Froilán Rey” de Paco Alcázar. Esas son mis “historias” favoritas, pero todos los participantes en Orgullo y Satisfacción merecen el máximo crédito como responsables de un conjunto destacable por muchos motivos.
miércoles, 21 de mayo de 2014
100% Marvel FF 1
Leído en mayo de 2014. En lo que es una práctica más habitual de lo que me gustaría, y que seguirá siendo la norma, leo el primer tomo de la colección cuando ya se ha publicado el segundo, es decir, tan tarde que ya se ha comentado todo lo que se tenía que comentar sobre este FF y sobre el lugar que ocupó en el escenario Marvel Now —si alguien quiere consultar alguna reseña escrita en el momento de aparición de la obra recomiendo la de Gerardo Vilches en Entrecomics—.
Aunque está conectado con Fantastic Four —pero solo en el nivel más superficial, el de la excusa argumental— hay que entender FF como un título de interés per se, un tanto alejado del contexto general de Marvel, con el que comparte pocas cosas más allá de algunos personajes y escenarios. Si se lee así, lo que uno encuentra es un relato desenfadado de Matt Fraction, que abunda en diálogos muy agudos y situaciones que resultan jocosas sin marginar los apuntes dramáticos tan necesarios en el género. Un relato que tiene, en suma, una virtud evidente: siempre deja con ganas de leer más, lo cual, a pesar de ser la única condición de verdad indispensable en el contexto de la narración folletinesca de los tebeos de superhéroes, no es tan común como sería deseable.
Sobre el trabajo de Mike Allred —indisoluble, por supuesto, del color de Laura Allred— qué decir a estas alturas... Su estilo pop art, retro y algo campy, aunque ya no es esa ruptura radical en el marco de Marvel que sí representaron los X-Force y X-Statix que realizó en tándem con Peter Milligan —y eso es así porque Allred tiene ahora en Marvel compañeros de viaje en el riesgo visual—, no da muestras de agotamiento y sigue siendo la materialización perfecta de cierta idea de vanguardia en el tebeo de superhéroes. Algunos grandes momentos de este volumen —como el excelente comienzo del número 1, con esa narración en paralelo del reclutamiento del equipo y de las entrevistas a los chicos de la Fundación Futuro, la pelea con el Hombre Topo del número 2, la persecución por las escaleras del número 3, el baile del número 4— hacen de FF una lectura destinada a perdurar en la memoria de muchos aficionados a un cómic de superhéroes diferente. Yo, por lo pronto, espero leer ya el segundo volumen de FF y esos primeros números de Silver Surfer que Allred ha realizado en 2014.
Aunque está conectado con Fantastic Four —pero solo en el nivel más superficial, el de la excusa argumental— hay que entender FF como un título de interés per se, un tanto alejado del contexto general de Marvel, con el que comparte pocas cosas más allá de algunos personajes y escenarios. Si se lee así, lo que uno encuentra es un relato desenfadado de Matt Fraction, que abunda en diálogos muy agudos y situaciones que resultan jocosas sin marginar los apuntes dramáticos tan necesarios en el género. Un relato que tiene, en suma, una virtud evidente: siempre deja con ganas de leer más, lo cual, a pesar de ser la única condición de verdad indispensable en el contexto de la narración folletinesca de los tebeos de superhéroes, no es tan común como sería deseable.
Sobre el trabajo de Mike Allred —indisoluble, por supuesto, del color de Laura Allred— qué decir a estas alturas... Su estilo pop art, retro y algo campy, aunque ya no es esa ruptura radical en el marco de Marvel que sí representaron los X-Force y X-Statix que realizó en tándem con Peter Milligan —y eso es así porque Allred tiene ahora en Marvel compañeros de viaje en el riesgo visual—, no da muestras de agotamiento y sigue siendo la materialización perfecta de cierta idea de vanguardia en el tebeo de superhéroes. Algunos grandes momentos de este volumen —como el excelente comienzo del número 1, con esa narración en paralelo del reclutamiento del equipo y de las entrevistas a los chicos de la Fundación Futuro, la pelea con el Hombre Topo del número 2, la persecución por las escaleras del número 3, el baile del número 4— hacen de FF una lectura destinada a perdurar en la memoria de muchos aficionados a un cómic de superhéroes diferente. Yo, por lo pronto, espero leer ya el segundo volumen de FF y esos primeros números de Silver Surfer que Allred ha realizado en 2014.
Etiquetas:
Fantastic Four,
FF,
humor,
Laura Allred,
Marvel,
Matt Fraction,
Michael Allred,
superheroes
lunes, 19 de mayo de 2014
23 Fotogramas por segundo
Leído en mayo de 2014. Bonito y divertido tebeo recopilatorio de las páginas que el autor realizó en 2012 para "El50" Diario del Festival Internacional de cine de Gijón, presentadas aquí en una de esas estupendas ediciones a las que nos ha acostumbrado ¡Caramba!
Las páginas de la edición original se han convertido en dobles páginas apaisadas que, leyendo el tebeo en horizontal, forman unidades de composición de 4x6 viñetas. La primera de las viñetas se reserva para el título de la página/chiste y las restantes constituyen los 23 fotogramas a los que hace referencia el título del tebeo. Esta estructura invariable crea un patrón de lectura muy particular —y bastante estimulante— que funciona en un doble nivel: cada viñeta es en sí misma un chiste —basado en una idea verbal muy sencilla y en un dibujo siempre expresivo y gracioso—, y, a su vez, los chistes de cada una de las viñetas van acumulando sentidos para que el conjunto de la página funcione también como chiste. Dado que este espacio no alberga más que mis notas de lectura, me parece necesario anotar que mis páginas preferidas son "23 frases cinematográficas que anuncian sufrimiento y muerte" y "Oficios pocos conocidos en el mundo del cine", pero si algo tiene este tebeo es que cualquier lector encontrará una página con la que identificarse, reflexionar y, por supuesto, reír.
Para comprobar si 23 fotogramas por segundo vale o no la pena basta hacer un cálculo muy sencillo: 23 chistes por 11 dobles páginas son 253 (más los extras que se deslizan durante el rollo de créditos finales). No me parece una cantidad escasa de chistes para un solo tebeo.
Las páginas de la edición original se han convertido en dobles páginas apaisadas que, leyendo el tebeo en horizontal, forman unidades de composición de 4x6 viñetas. La primera de las viñetas se reserva para el título de la página/chiste y las restantes constituyen los 23 fotogramas a los que hace referencia el título del tebeo. Esta estructura invariable crea un patrón de lectura muy particular —y bastante estimulante— que funciona en un doble nivel: cada viñeta es en sí misma un chiste —basado en una idea verbal muy sencilla y en un dibujo siempre expresivo y gracioso—, y, a su vez, los chistes de cada una de las viñetas van acumulando sentidos para que el conjunto de la página funcione también como chiste. Dado que este espacio no alberga más que mis notas de lectura, me parece necesario anotar que mis páginas preferidas son "23 frases cinematográficas que anuncian sufrimiento y muerte" y "Oficios pocos conocidos en el mundo del cine", pero si algo tiene este tebeo es que cualquier lector encontrará una página con la que identificarse, reflexionar y, por supuesto, reír.
Para comprobar si 23 fotogramas por segundo vale o no la pena basta hacer un cálculo muy sencillo: 23 chistes por 11 dobles páginas son 253 (más los extras que se deslizan durante el rollo de créditos finales). No me parece una cantidad escasa de chistes para un solo tebeo.
Etiquetas:
¡Caramba!,
Albert Monteys,
cinefilia,
humor,
humor referencial
domingo, 18 de mayo de 2014
El Sistema D13
Leído en mayo de 2014. En contraportada y portadilla de El Sistema D13 aparece el tagline “Un tebeo de roleros para roleros”. No es en absoluto publicidad engañosa. El punto fuerte de este cómic es un humor muy ligado a la vivencia y a la referencia, un humor basado en el gag construido sobre esas situaciones que se generan en el umbral del “circulo mágico” del que hablan los teóricos del juego —adaptando la idea del pionero J. Huizinga—. Dice la teoría que todo sistema de juego construye una especie de “circulo” que delimita y separa el universo del juego y el mundo real. Esa línea teórica vendría a decir algo así como “lo que pasa en el mundo del juego se queda en el mundo del juego”.
¿Seguro que es así?, os preguntareis. Pues no, no es así. Joan Tretze sabe, como todo el que ha jugado y, más aún, todo el que ha pensado un poco en lo que significa jugar, que el círculo mágico se rompe constantemente. Y ¿qué pasa cuando se rompe? Pues lo que pasa es toda esa comedia de la vida que tan bien refleja El Sistema D13 y tan certeramente plasma el estilo caricaturesco del autor.
Pero no todo es risa sin más: muy agudas me parecen las reflexiones del propio autor sobre en qué consiste dirigir una partida de rol, o sobre qué es el metajuego —“el metajuego es como el colesterol: hay del bueno y del malo”—. E igualmente afiladas son el puñado de "confesiones" autobiográficas de Joan Tretze que hay en la obra. Y es tanta la autobiografía, que si en la contraportada y la portadilla de este estupendo tebeo pusiera “Una novela gráfica de roleros para roleros” también nos lo creeríamos.
Etiquetas:
autobiografía,
humor,
humor referencial,
Joan Tretze,
juego de rol,
RPG
Suscribirse a:
Entradas (Atom)








